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Al cole con Mafalda

Mafalda cumple 50 años y su creador, Quino, ha recibido el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Mafalda siempre me ha parecido un personaje singular: soñadora y filósofa, amigable, progresista y defensora de ideales que están a la orden día. Esto hace que sus historias sean contemporáneas y que los niños y niñas de hoy puedan aprender mucho a través ellas.

Comic

Mi afinidad con Mafalda cobró especial importancia hace unos días cuando leí esta entrevista en la que Quino cuenta cómo creó el personaje.

“Mis padres no eran religiosos. Así que cuando en la época de Perón se puso la religión en los colegios yo era el único que me pasaba la hora en el recreo dándole patadas a una piedra. No había alternativas”. (Quino)

En ese instante vinieron a mi cabeza ideas y sentimientos a los que trato de poner orden mientras escribo (escribir como terapia).Pensé en la educación, en la religión, en la conexión entre ambas, en las alternativas en la escuela pública; pensé en los crucifijos en los lugares públicos, en las misas en los centros públicos; pensé en los recortes y en la política ideológica… pensé en lo poco que hemos progresado en 50 años desde que Quino daba patadas a una piedra en el  patio de un colegio en Argentina.

Traté de ser positiva y pensar en mi entorno más cercano. Entonces me alegré de haber seguido mi intuición al elegir colegio para mis hijos el año pasado. Teníamos claro dónde llevarlos, pero a última hora cambiamos de intención y elegimos otro colegio marcados por nuestro instinto y nuestro concepto de educación y sociedad.

En nuestro cole están celebrando el aniversario de Mafalda desde principio de año. Mi hija todos los días habla de ella con admiración. Habla de sus amigos, de sus aventuras, de que no le gusta la sopa y, sobre todo, nos habla de Guille. Creo que se identifica mucho con Maflada porque, como ella, tiene un hermano pequeño.

Me alegra entrar al colegio y ver la exposición de Mafalda y los techos adornados con guirnaldas de todos los países, de todos los colores. La temática, la decoración, todo es alegre y está lleno de mensajes esperanzadores. Ojalá con este ambiente multicultural, donde conviven diariamente integración y cultura, nuestros hijos puedan conseguir lo que Mafalda soñaba: la paz mundial.

Os dejo algunas imágenes de la exposición del cole. Un gran trabajo de maestras y maestros de la escuela pública. ¡Enhorabuena!

Mafalda-Mural

Mafalda-Personajes

Mafalda-Enseña

Mafalfa-Trabajos

Mafalda-Puzzle

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palabras

Ver, oír y callar

Mi madre es una mujer muy sabia. De origen humilde, fue a la escuela, pero su maestra la trataba de “moza” mientras otras chicas de su edad aprendían a leer, a escribir y a bordar y escuchaban las lecciones de la sección femenina, esas que enseñaban a las mujeres cómo tenían que comportarse con sus maridos cuando llegaban a casa.  Eran los años 40. A pesar de todo, mi madre aprendió a leer y a escribir mirando de reojo y nadie la engaña con las matemáticas, porque mientras sus compañeras resolvían en un papel las cuentas enunciadas por la maestra, ella lo hacía de cabeza sin abandonar sus tareas de limpieza y recados varios.

Pero sobre todo, mi madre es una persona que, sin percatarse, aprendió a saber sobre los demás. Para aprender tuvo que multiplicar su capacidad de escuchar, observar y callar. Suele repetir este lema: “Hija: ver, oír y callar” y, en ocasiones,  sigo su consejo, aunque reconozco que puede resultar desacertado. Nos podemos callar por prudencia o por educación, para evitar hacer daño, para evitar meternos en líos, para que los demás no piensen mal de nosotros o, simplemente, porque pensamos que nuestra opinión es intrascendente. Pero cuando estamos seguros de algo, cuando observación e intuición van por el mismo camino, lo mejor es hablar, dialogar, porque solo de esta manera podemos avanzar, superar obstáculos y mejorar.

De un tiempo a esta parte, he seguido el discurso del filósofo José Antonio Marina y he reflexionado sobre la importancia de La Palabra. La necesidad de comunicarnos que tenemos los seres humanos y la falta de comunicación que existe hoy en día, paradójicamente, cuando más recursos tenemos a nuestro alcance para hacerlo.

“Necesitamos dominar el lenguaje y la inteligencia para no hacernos un lío en la convivencia”

O dicho en palabras de mi sabia madre: “Los problemas se resuelven hablando”

Os dejo el enlace de la Masterclass que ofreció Marina en la temporada pasada de Torres & Reyes, programa que echo de menos.

Masterclass: “Siempre se puede aprender”, por José Antonio Marina

 

 

 

Mingola_Inflexión

Punto de inflexión

Después de un tiempo de cambios en el blog, vuelvo con un texto escrito hace unas semanas. Bienvenidos de nuevo.

A mi compañero y nuestros dos hijos:

Me doy cuenta de que una etapa de mi vida está cambiando cuando, inconscientemente, un nudo en el estómago no me deja descansar. Entonces, no sé si la presión explota en mi cabeza o mi cabeza explota de la presión.

Años de entrega a ciegas que desembocan en momentos irracionales:  Entrega a la perfección. Entrega al miedo a defraudar. Entrega a la cordura. Entrega a la admiración.

Desde que soy madre no solo quiero ser la mejor madre; también quiero ser la mejor hija, la mejor hermana, la mejor amiga, la mejor compañera…

Reinvento y experimento con teorías que justifico para luego desecharlas.

Busco maneras de llegar. Tropiezo. Empiezo. Sigo. Llego. Vuelvo a buscar… Sonrisas y desvelos van quedando en el camino.

Nadie tenemos la razón y, sin embargo, la razón está en todas partes. Está en quien necesita su tiempo y luego no sabe qué hacer con él. Está en quien cree no necesitar tiempo para él y, después, lo busca desesperado.

Explosión. Punto de inflexión. Momento de reflexión.

Lección aprendida.

Estoy aquí. Feliz y enérgica. Emocionada por todo lo conseguido.

Gracias.

mar

Septiembre, hazte esperar

Esta mañana he estado en la reunión del colegio donde Mingola comenzará ciclo de infantil en septiembre. Fue difícil elegir colegio y pensaba que, una vez tomada la decisión, todo iría sobre ruedas. Me equivocaba. Hoy he sentido nervios, me sudaban las manos, miraba de un lado a otro tratando de imaginar cómo será quien se siente al lado de mi hija, quien juegue con ella. Conozco a la tutora, a algunas madres, de otras me suena su cara… Nos esperan nueve años de idilio escolar.

El periodo de adaptación no me asusta porque ya está dos cursos en la escuela infantil e imagino que será menos traumático que para otros niños que nunca han pisado una escuela. Lo que me preocupa ahora son las personas. El entorno en el que va a crecer fuera de casa.

Sin ser una familia perfecta, en casa tiene buenos referentes y estímulos para crecer con estabilidad emocional. En la calle hay menos control. Demasiada inestabilidad. O eso parece.

Se me hace un nudo en el estómago. Me asaltan dudas. Me pregunto si hemos elegido bien. Atisbo un septiembre muy movido. Sí, demasiado. Ahora caigo en la cuenta: Mingolín entra en la escuela infantil este año. ¡Oh, no! Cómo se me ocurrió parir dos veces en tres años…

Debo relajarme. Mañana disfrutaré en la fiesta de fin de curso de Mingola con las actuaciones, regalos y demás costumbres que hacen de la escuela una familia.

En un segundo plano quedará mi deseo: septiembre, hazte esperar.