DecoMingola

Mingolas con Nata

Vivimos una época en la que es muy difícil conservar intactas las ilusiones. Rodeados de mensajes negativos y de sentimientos encontrados, necesitamos inventar motivos para apasionarnos y concentrarnos en lo que nos gusta y en las personas que nos llenan.

Hace meses que a Natalia y a mí nos ronda una idea de negocio en la cabeza y con esta oportunidad esperamos que tome forma definitivamente. Se trata de apostar por eventos personalizados, con ambientes creados a la medida de los protagonistas y los invitados: todos somos diferentes. Cumpleaños, bautizos, comuniones, aniversarios, bodas… Cualquier motivo es bueno para celebrar algo y sentirnos especiales.

Mariángeles y Martina nos han dado la oportunidad de organizar su fiesta de comunión y todas estamos encantadas con el resultado de tanto trabajo e ilusión. Hemos aprendido mucho en esta “prueba piloto” y anotado detalles que merecen la pena limar para que nuestras fiestas estén diseñadas al detalle.

Os dejamos unas fotos de nuestro trabajo y el de Magnolia, que nos ayudó con la aguja, la tela y el tul (Gracias, abuelita Magno) Decomunion01Decomunion02 Esperamos que os guste el resultado final de la fiesta. Pronto os daremos más noticias de nuestro proyecto: “Mingolas con Nata”.

Decomunion03

 

 

Orgullom

Orgullo de Madre

Pasada la presión y la opresión en el pecho tras los primeros años de crianza, comienzo a disfrutar de un tremendo sentimiento de “Orgullo de Madre” que saca de paseo a mi yo más vanidoso. Casi cuatro y dos años tienen mis hijos y comienzo a desprenderme de frases hechas y complacientes que nos solemos decir entre madres para quedar bien entre nosotras.

Me siento orgullosa de sus tiempos, de sus ritmos, de su lenguaje, de sus sueños, de sus rabietas, de sus sonrisas; de su adiós a los pañales, chupetes, tetas y biberones; de su bienvenida a nuevas etapas y conquistas;  de sus abrazos, de sus besos, de sus juegos, de sus riñas; de sus miradas, de sus reflexiones, de sus miedos…. Hace días que me acompaña un gran sentimiento y he decidido celebrarlo.

OrgulloMadre

palabras

Ver, oír y callar

Mi madre es una mujer muy sabia. De origen humilde, fue a la escuela, pero su maestra la trataba de “moza” mientras otras chicas de su edad aprendían a leer, a escribir y a bordar y escuchaban las lecciones de la sección femenina, esas que enseñaban a las mujeres cómo tenían que comportarse con sus maridos cuando llegaban a casa.  Eran los años 40. A pesar de todo, mi madre aprendió a leer y a escribir mirando de reojo y nadie la engaña con las matemáticas, porque mientras sus compañeras resolvían en un papel las cuentas enunciadas por la maestra, ella lo hacía de cabeza sin abandonar sus tareas de limpieza y recados varios.

Pero sobre todo, mi madre es una persona que, sin percatarse, aprendió a saber sobre los demás. Para aprender tuvo que multiplicar su capacidad de escuchar, observar y callar. Suele repetir este lema: “Hija: ver, oír y callar” y, en ocasiones,  sigo su consejo, aunque reconozco que puede resultar desacertado. Nos podemos callar por prudencia o por educación, para evitar hacer daño, para evitar meternos en líos, para que los demás no piensen mal de nosotros o, simplemente, porque pensamos que nuestra opinión es intrascendente. Pero cuando estamos seguros de algo, cuando observación e intuición van por el mismo camino, lo mejor es hablar, dialogar, porque solo de esta manera podemos avanzar, superar obstáculos y mejorar.

De un tiempo a esta parte, he seguido el discurso del filósofo José Antonio Marina y he reflexionado sobre la importancia de La Palabra. La necesidad de comunicarnos que tenemos los seres humanos y la falta de comunicación que existe hoy en día, paradójicamente, cuando más recursos tenemos a nuestro alcance para hacerlo.

“Necesitamos dominar el lenguaje y la inteligencia para no hacernos un lío en la convivencia”

O dicho en palabras de mi sabia madre: “Los problemas se resuelven hablando”

Os dejo el enlace de la Masterclass que ofreció Marina en la temporada pasada de Torres & Reyes, programa que echo de menos.

Masterclass: “Siempre se puede aprender”, por José Antonio Marina

 

 

 

34Primaveras

34 Primaveras

Cada año, cuando cumplo años, lo vivo de manera más familiar. Mi primer pensamiento de este día suele ser para mi madre. Imagino qué sentiría aquella noche en la que nació su quinta hija; Hija que se convirtió en madre y, en ese momento, endiosó a la suya. En silencio le he pedido perdón por las noches en vela, por las mentiras piadosas y por los gestos de desconsideración. Un día seré yo la que tenga que aprender a saberlo todo de sus hijos, porque ellos callarán o dirán verdades a medias; mientras tanto, disfrutaré de su inocencia. Todavía quedan unas cuantas primaveras .

Madres

En la imagen, mi tía y mi madre embarazada de mi hermana mayor