palabras

Ver, oír y callar

Mi madre es una mujer muy sabia. De origen humilde, fue a la escuela, pero su maestra la trataba de “moza” mientras otras chicas de su edad aprendían a leer, a escribir y a bordar y escuchaban las lecciones de la sección femenina, esas que enseñaban a las mujeres cómo tenían que comportarse con sus maridos cuando llegaban a casa.  Eran los años 40. A pesar de todo, mi madre aprendió a leer y a escribir mirando de reojo y nadie la engaña con las matemáticas, porque mientras sus compañeras resolvían en un papel las cuentas enunciadas por la maestra, ella lo hacía de cabeza sin abandonar sus tareas de limpieza y recados varios.

Pero sobre todo, mi madre es una persona que, sin percatarse, aprendió a saber sobre los demás. Para aprender tuvo que multiplicar su capacidad de escuchar, observar y callar. Suele repetir este lema: “Hija: ver, oír y callar” y, en ocasiones,  sigo su consejo, aunque reconozco que puede resultar desacertado. Nos podemos callar por prudencia o por educación, para evitar hacer daño, para evitar meternos en líos, para que los demás no piensen mal de nosotros o, simplemente, porque pensamos que nuestra opinión es intrascendente. Pero cuando estamos seguros de algo, cuando observación e intuición van por el mismo camino, lo mejor es hablar, dialogar, porque solo de esta manera podemos avanzar, superar obstáculos y mejorar.

De un tiempo a esta parte, he seguido el discurso del filósofo José Antonio Marina y he reflexionado sobre la importancia de La Palabra. La necesidad de comunicarnos que tenemos los seres humanos y la falta de comunicación que existe hoy en día, paradójicamente, cuando más recursos tenemos a nuestro alcance para hacerlo.

“Necesitamos dominar el lenguaje y la inteligencia para no hacernos un lío en la convivencia”

O dicho en palabras de mi sabia madre: “Los problemas se resuelven hablando”

Os dejo el enlace de la Masterclass que ofreció Marina en la temporada pasada de Torres & Reyes, programa que echo de menos.

Masterclass: “Siempre se puede aprender”, por José Antonio Marina

 

 

 

Smile

Muy moderadamente jodida

Hace un rato he leído esta noticia vía @el_pais:

“El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, y el ministro de Economía, Luis de Guindos, han hecho un balance favorable de la reforma laboral, pese a los seis millones de parados. “La reforma laboral está funcionando muy bien”, ha afirmado el presidente del Gobierno. Más allá ha ido la titular de Empleo, que ha dicho que en el Ejecutivo están “muy moderadamente satisfechos” de la nueva ley. A lo que ha remachado: “La reforma laboral ha servido para que no se destruya más empleo”.

Un rato después todavía no he parpadeado, ni he podido cerrar la boca. Me he quedado muy moderadamente alterada, conmovida, patidifusa. Estoy reaccionando a medida que escribo y comienzo a hacerme preguntas ¿Pero qué se han creído estos políticos? ¿Qué somos, necios? ¿Qué estamos, locos? ¿Qué somos, gilipollas?

En mi caso la reforma laboral me ha perjudicado bastante. Soy autónoma desde 2007. Madre desde 2010. En mis dos embarazos no he disfrutado ni un solo día de baja hasta dar a luz y acogerme a las 16 semanas reglamentarias. Durante la baja he seguido pagando mi recibo de autónomo y percibiendo una cantidad muy baja de prestación.  He vivido dos incorporaciones diferentes:

La primera incorporación en septiembre de 2010: pude incorporarme paulatinamente, ya que durante el primer año desde el alta, estuve exenta de pagar la cuota de autónomo. Me vino muy bien para poder prolongar la lactancia y tener menos estrés para llegar a final de mes y sacar proyectos adelante ya que tenía un importante gasto cubierto.

La segunda incorporación en mayo de 2012: comencé en las mismas condiciones, con la bonificación del recibo durante el primer año. Mi sorpresa llegó el 1 de septiembre, cuando, sin previo aviso, me cobraron el recibo íntegro. La reforma laboral aprobada unos meses antes, eliminaba, con letra muy pequeña, dicha bonificación. Por si era poco, todos los autónomos españoles cargamos con una importante subida del tipo de IVA (del 18 al 21%) y de IRPF (del 15 al 21%). Esto supuso, además de un enorme cabreo y pagar más impuestos, tener que replantear mi vida. Necesité buscar quien se hiciera cargo de los niños hasta que comenzara el curso con más recortes de la historia. Necesité multiplicarme. Me abordó el estrés. Se tensó la cuerda de la conciliación y como siempre, los hijos salieron perdiendo.

Este es mi caso. Pero también el de otras muchas madres y padres que ven cómo cada día se les hace más difícil conciliar su vida laboral con su vida familiar (Aprovecho para felicitar el trabajo de @Conciliacion_RY en el ámbito de la concilición) Familias que tienen que pagar guarderías privadas carísimas porque esa es la política que durante años el PP (consentido por otros partidos) ha desarrollado en “sus” comunidades autónomas, me remito al caso de Murcia donde solo existen 16 Escuelas Infantiles públicas. Y ya no hablo de los recortes a los funcionarios, especialmente me molesta en el sector de la educación, nuestros hijos cada día están en sus manos.

Mi indignación crece, pero no voy a tirar la toalla. Os animo a que vosotros tampoco lo hagáis, a seguir luchando con la cabeza alta para tener un buen presente y un buen futuro. El caso es que, de momento, solo encuentro una solución: dar una lección a esta “clase política” tan apalancada, tan de partido y tan poco humanizada. Si os apetece podéis leer a Saramago “Ensayo sobre la cegara” y “Ensayo sobre la lucidez”, no os va a dejar indiferentes. Imagina que hay elecciones  y no vota nadie.